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El constitucional en homeopatía… no existe



Durante años, en pasillos de escuelas, libros de texto e incluso en consulta, hemos escuchado frases como:

“Es que tú eres una Pulsatilla constitucional”

“Él es Natrum muriaticum desde niño”

“Tu medicamento constitucional es Sulphur”


Y aunque muchas veces esa etiqueta parece “encajar perfecto”… lo cierto es que hay algo profundo y esencialmente contradictorio en esta idea.


¿Qué significa realmente “constitucional”?


Desde un punto de vista etimológico, constitución significa “el conjunto de características propias que constituyen a un ser o cosa”. En medicina convencional incluso se habla de “constituciones físicas” (nerviosa, linfática, etc.). En homeopatía, el término se ha utilizado para referirse a ese “medicamento que te acompaña toda la vida”, como si fuera un sello de fábrica, inamovible y absoluto.


Pero si algo nos ha enseñado la verdadera homeopatía hahnemanniana es que nada es fijo, y menos el ser humano.


El ser humano es dinámico, ¿por qué su medicamento sería estático?


Decir que alguien tiene un medicamento constitucional para toda la vida es suponer que esa persona no cambia, que su eje emocional, sus conflictos, sus procesos físicos, sus etapas vitales… serán siempre los mismos.


Y eso va en contra del mismo principio de la vida.

El niño de 5 años que lloraba por abandono no es el mismo adulto que hoy se protege con ira.

La mujer que antes vivía con miedo, hoy vive con rabia.

El adolescente que era introvertido, ahora es explosivo.


La homeopatía unicista reconoce que somos seres en evolución, y por lo tanto, también debe evolucionar el medicamento que necesitamos.


El medicamento adecuado es el del momento… y eso ya tiene nombre


Cuando seleccionamos un medicamento en homeopatía, no buscamos un “etiquetado constitucional”, sino el que más se parece al paciente en ese momento, al conjunto de síntomas más profundos, mentales, generales y particulares.


A eso lo llamamos similimum.


No hay que inventar términos confusos. No se trata de tener un “constitucional de la infancia”, “constitucional del adulto”, “constitucional posmenopáusico”…

Se trata de tener el similimum que más se parezca a quien eres hoy.


Porque el medicamento no cura por ser tu etiqueta de por vida.

Cura por resonancia. Por similitud.

Y esa similitud cambia, evoluciona, como tú.


Entonces… ¿tiramos a la basura el concepto “constitucional”?


Sí.

O al menos, lo replanteamos por completo.


Podríamos decir, si queremos, “medicamento de fondo actual”, “similimum profundo” o “el remedio que sostiene mi eje emocional hoy”.

Pero llamarle “constitucional” como si fuera tu sello permanente, es quitarle dinamismo a la homeopatía y al alma humana.



Porque al final…

Venimos a este plano a evolucionar.

Y la medicina que elijamos debe acompañar ese proceso, no encajonarlo.


La enfermedad cambia. La emoción cambia. La historia cambia.

Y el medicamento también.

Lo único verdaderamente “constitucional”… es el cambio.

 
 
 

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