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Farmea tu aura con homeopatía

24 ago
4 min de lectura

Resulta que ahora ya no basta con tener personalidad… también hay que farmear aura. 



Para quienes todavía estamos intentando descifrar el diccionario de las nuevas generaciones, farmear aura es algo así como ir acumulando esos puntos imaginarios de presencia, seguridad, carisma y ese misterioso:

“No sé qué tiene… pero tiene algo.”

Llegas seguro a un lugar: +500 de aura.

Dices algo espectacular sin siquiera intentarlo: +1,000 de aura.

Ayudas a alguien sin presumirlo: +2,000 de aura.

Te tropiezas entrando, finges que no pasó nada y luego volteas para comprobar que nadie te vio: -3,000 de aura. 


Obviamente nadie lleva una libretita contabilizando tus puntos —o eso espero—, pero detrás del meme hay algo bastante interesante:


la presencia que tenemos frente a los demás.


Y aquí es donde la homeopatía inesperadamente entra a la batalla de auras.


¿La homeopatía puede ayudarte a farmear aura?


Bueno…

No exactamente como lo plantea TikTok.

No existe un medicamento homeopático de “seguridad personal +800”, ni tres chochos antes de salir de casa van a hacer que todos volteen dramáticamente cuando entres al restaurante.

La relación que encuentro es bastante más interesante.

Imagina una persona con muchísimas capacidades, pero cuya inseguridad constantemente le dice:


“Mejor no hables porque vas a hacer el ridículo.”


Otra que tiene una personalidad increíble, pero necesita tanto la aprobación de los demás que termina modificando su manera de ser dependiendo de quién tiene enfrente.


Otra que podría comerse el mundo, pero vive anticipando todo lo malo que podría suceder.

O aquella que entra a una habitación y, antes siquiera de saludar, ya está pensando:


“¿Qué estarán pensando de mí?”


En todos esos casos quizá no falte personalidad.


Hay algo interfiriendo con la libertad para expresarla.


Y eso cambia mucho las cosas.


La homeopatía no viene a convertirte en alguien más


Desde la mirada homeopática, cuando buscamos el medicamento semejante no intentamos fabricar una personalidad nueva.

No queremos convertir al tímido en extrovertido, al tranquilo en protagonista de la fiesta ni al introvertido en influencer.

Buscamos comprender a la persona completa: cómo siente, cómo reacciona, qué teme, qué necesita, cómo establece vínculos, cómo vive sus conflictos y cómo todo eso se relaciona con su manera particular de enfermar.

Cuando existe un desequilibrio y el tratamiento está correctamente individualizado, el objetivo es favorecer que aquello que está generando sufrimiento deje de dominar toda la expresión de la persona.

Y entonces puede suceder algo muy interesante:


No te conviertes en otra persona. Empiezas a poder ser tú con menos ruido encima.


La inseguridad puede dejar de decidir tanto por ti.

El miedo puede dejar de ocupar toda la habitación.

La necesidad constante de aprobación puede perder protagonismo.

Y aquello que ya existía dentro de ti encuentra más espacio para expresarse.

¿Y sabes qué suele tener alguien que está cómodo siendo quien es?


Presencia.


Aura, dirían los muchachos. 😂


Pero aquí viene algo todavía más importante: no todo lo diferente necesita corregirse


Y este quizá sea el verdadero aprendizaje que podemos sacar de estas nuevas expresiones culturales.

A veces vemos algo que hacen las generaciones jóvenes y nuestra primera reacción es:


“¡¿Pero qué les pasa?!”


Como si nosotros hubiéramos sido unos ejemplos impecables de sensatez durante nuestra juventud.

También tuvimos tribus urbanas, peinados que hoy preferiríamos borrar de la evidencia fotográfica, maneras particulares de vestirnos, palabras que nuestros padres no entendían, música que los adultos consideraban ruido, formas de pertenecer a un grupo y conductas que para generaciones anteriores parecían incomprensibles.


Cambian los nombres.

Cambian las plataformas.

Cambian los códigos.


Pero la necesidad humana de pertenecer, experimentar, construir identidad y encontrar un lugar frente a los demás lleva muchísimo tiempo acompañándonos.

Por eso, antes de querer corregir algo, tenemos que preguntarnos:


¿Realmente existe sufrimiento o desequilibrio… o simplemente estoy frente a algo que yo no comprendo?


Porque son cosas completamente diferentes.

No estar de acuerdo con una conducta no la convierte automáticamente en una enfermedad.

No comprender una expresión generacional tampoco significa que tengamos que patologizarla.

Y comprenderla tampoco significa que tengamos que adoptarla, celebrarla o pensar igual.

Significa algo mucho más sencillo:


escuchar antes de juzgar.


Y ahí también entra la homeopatía


Especialmente cuando trabajamos con niños, adolescentes y nuevas generaciones, necesitamos conocer el mundo en el que viven.


Sus palabras.

Sus códigos.

Sus formas de relacionarse.

Sus maneras de construir identidad.


Porque solamente entendiendo qué significa determinada conducta para esa persona podremos reconocer cuándo estamos viendo una expresión completamente sana de su personalidad y cuándo, detrás de ella, existe miedo, inseguridad, ansiedad, necesidad desesperada de aceptación o verdadero sufrimiento.


No tratamos tendencias. Tratamos personas.


Y una persona no necesita tratamiento simplemente porque su manera de expresarse sea distinta a la nuestra.

La intervención tiene sentido cuando existe un desequilibrio que genera sufrimiento y, en homeopatía, ese abordaje siempre debe ser individualizado.


Entonces… ¿la homeopatía farmea aura o no?


Digamos que no te regala puntos. 😂

Pero cuando existe algo que verdaderamente te está limitando y recuperas equilibrio, quizá puedas expresarte con mayor libertad.


Y ahí aparece algo que ninguna tendencia puede fabricar:


la presencia auténtica.


Porque la verdadera presencia no aparece cuando intentas impresionar a todo el mundo.


Aparece cuando puedes ser tú sin estar constantemente pidiendo permiso para serlo.


Así que mi reflexión final sería esta:


Antes de burlarnos de lo nuevo, intentemos comprenderlo.

Antes de llamarlo raro, preguntémonos qué significa.

Antes de llamarlo patológico, averigüemos si realmente produce sufrimiento.

Y cuando sí exista un desequilibrio, entonces tendremos elementos para saber cómo acompañarlo.

Porque quizá farmear aura sea una moda…

pero aprender a mirar al otro sin querer meterlo inmediatamente dentro de nuestra propia definición de “normalidad”…


eso sí da +10,000 de aura. 😎


Y ahora dime tú: ¿qué cosa de las nuevas generaciones primero te pareció una locura y después terminaste entendiendo?


Te leo.


— Adrián Prado

 
 
 

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